Y ahora ya todo es ficción…

Viendo la realidad cinematográfica y televisiva del momento, no parece posible entender que haya una gran diferencia entre los contenidos de una y de otra. Hace tiempo, cuando empezaron a salir al aire las primeras series de televisión, nadie daba un duro por su calidad, pensando que eran productos de corto recorrido que se realizaban como complemento de la programación de una cadena, y que su única misión sería atraer al público a esa cadena en concreto, haciendo que las demás perdieran audiencia al menos en ciertas franjas (sí, ya empezaba esta guerra de audiencias, parece que es tan vieja como la propia televisión, jeje). Podía ser que esa serie fuera mala o fuera buena: si pasaba lo primero, no había problema en cancelarla y ponerse manos a la obra con otra, pues los costes de producción eran insignificantes comparados con mantener algo que no daba beneficios; y si era buena, había un éxito garantizado durante algún tiempo, sólo hasta que alguna otra cadena sacara un producto de mejor calidad y más novedoso. El cine, sin embargo, era otra cosa: era la fábrica de sueños, la maquinaria del séptimo arte, y sus productores, directores y actores eran intocables, el súmum de la fantasía que hacían que millones de personas en el mundo se acercaran a las salas de visionado y durante algunas horas dejaran atrás sus rutinarias vidas para vivir la de otros en la gran pantalla.

Sin embargo, hoy en día es inútil querer hacer un blog de cine, hablando solamente del mundo cinematográfico y queriendo ignorar todo el universo seriéfilo que existe en la actualidad. El día que los profesionales del cine decidieron mudarse y volcar su talento en la televisión, nos vimos abocados a tener que mezclar lo uno con lo otro, de tal manera que ya no existe diferencia ni de calidad ni de ninguna otra clase entre ellos. Al fin, ya no se puede hablar de profesionales del cine o de la televisión porque, aunque las técnicas de trabajo sea lo que los diferencia, las de creación y el derroche de talento es el mismo. Así que, si te gusta el cine, a la fuerza tienen que gustarte las series, la diferencia sólo estará en si prefieres estar sentado delante de una pantalla dos horas de tu vida, o esperar pacientemente cada semana para saber el desenlace de una historia, si es que se trata de una sola temporada.

Así que aquí hablaremos de todo, porque lo que de verdad importa es la ficción, su calidad, las historias que cuentan… Y lo de menos, a estas alturas, es el formato.